La casa sostenible ideal sería una casa bioclimática, que aprovecha las condiciones de la naturaleza para reducir al máximo las necesidades energéticas. Esta es una tendencia arquitectónica a la que se denomina bioclimatismo pasivo. De lo contrario, el bioclimatismo activo son el conjunto de sistemas que se pueden integrar a una casa para aumentar la eficiencia energética de esta.

Anteriormente, cuando la población se concentraba en áreas rurales la mayoría de casas seguían estas características; las personas estaban mucho más en contacto con la naturaleza y había menos comodidades. Por ejemplo, para tener calefacción era necesario tener leña del bosque, así que se orientaban las casas hacia el sur, pues de esta manera el sol pega todo el día y la temperatura en el interior durante los meses fríos es mucho más elevada que si estuviera en otra orientación.

A medida que ha ido pasando el tiempo, las técnicas se han ido perfeccionando: arcadas en la parte frontal de la casa que paran el sol en verano pero lo dejan entrar en invierno, tejados de césped, ventilación cruzada y algunas otras técnicas bioclimáticas que han vuelto hoy en día y se utilizaban antaño.

Con la industrialización, la construcción masificada de viviendas en el entorno urbano y la abundancia de recursos fósiles son algunos motivos importantes por los que se dejaron de fomentar estas prácticas. Aunque el desarrollo de la tecnología nos ha traído ventajas como la creación de tecnologías basadas en las energías renovables. Por ejemplo, la energía solar térmica que nos permite que con el calor del sol se genere agua caliente y para la calefacción.

Las principales ventajas del bioclimatismo es el ahorro energético en más de un 60% respecto a una vivienda convencional, un menor impacto ambiental y un mayor confort de sus habitantes. La vivienda bioclimática es aquella que sólo mediante su configuración arquitectónica es capaz de satisfacer las necesidades climatológicas de sus habitantes con el aprovechamiento de los recursos naturales y evitando un consumo de energía convencional. Este tipo de viviendas nos permite estar frescos en verano y guardar calor en invierno.

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