En el pasado las pérgolas que comúnmente se utilizaban tenían cielorrasos que se conformaban por vigas de madera o varillas de hierro forjado, las cuales, formaban una especie de reja de ventilación fija.

En la actualidad, se utilizan listones angulares de aluminio y otros materiales inteligentes que, como las vigas, dan estructura pero a la vez permiten incorporar lamas, que son hojas móviles que se pueden girar sobre su eje casi 360 grados.

En los renglones que siguen ahondaremos en los pequeños detalles por los que las pérgolas de lamas son las favoritas de muchos arquitectos y usuarios regulares.

Permiten elegir entre máxima luminosidad y obscuridad total

La libertad para mover las lamas  permite que se puedan colocar en posición totalmente vertical para capturar el máximo de iluminación natural y también cerrar por completo para tener un cielorraso completamente  sombreado.

Brindan más aire fresco y menos radiación solar

Si las lamas se entrecierran en el sentido contrario al que incide el sol es posible bloquear el máximo el calor y la luz solar sin sacrificar el aire fresco, ya que este tiende a desplazar al aire caliente desde el suelo hasta la parte alta de la pérgola para expulsarlo lejos del área de estar.

Aún bajo la lluvia, abren y cierran sin goteos

Las pérgolas con lamas como las que tenemos en Durmi, cuentan con un sistema de recolección de agua que evita que los cielorrasos se saturen durante la lluvia y, por supuesto, que goteen y que derramen el agua acumulada al interior del área de estar al abrir las lamas.

Son más prácticas y duraderas que los toldos

Las pérgolas con lamas de buena calidad se fabrican en aluminio de alta resistencia que no se daña con la exposición al sol ni se oxida con la humedad, por lo cual, son una solución mucho más duradera que el uso de toldos de lona y malla sombra.