En la actualidad, gran parte de las bodegas tradicionales, de las enclavadas en los barrios de los pueblos riojanos, se dedican a uso recreativo como merenderos. Pero hace no tanto tiempo su utilización era la originaria, elaborar y criar vino. «Son un ejemplo de arquitectura bioclimática, de aprovechamiento óptimo de los recursos naturales y humanos y de eficiencia energética», apunta la arquitecta investigadora Marta Palacios.

Casi todo en estas bodegas subterráneas que se encuentran en La Rioja tiene su sentido: la ubicación, sus tuferas o sus conductos de ventilación… Así lo pudo comprobar la ingeniera agrónoma Elena López Ocón durante su tesis ‘Caracterización de los barrios de bodegas subterráneas de la DOCa Rioja.

Estudio y comparación de sus condiciones interiores con las nuevas bodegas comerciales (2015). «Son espacios donde la temperatura es prácticamente constante, sin climatización, de modo natural. La humedad es más alta, pero para eso cuentan con sus sistemas de ventilación, las llamadas zarceras, que evitan el desarrollo de mohos. De hecho, hay barrios que las han tapado y tienen problemas», explica la ingeniera.

Los casos de bodegas tradicionales donde se elabora el vino como antaño son escasos. Sin embargo, todavía quedan algunos. Un ejemplo es el de Berta Valgañón. «Mi apuesta es por la menor intervención posible, con viñedos en algunos casos centenarios, no clarifico y no filtro el vino. Aprovecho al máximo las condiciones climáticas naturales de la bodega, son instalaciones sostenibles energéticamente».

Valgañón (ingeniera agrónoma) trata de hacerse un hueco en la DOCa Rioja y de convertir lo tradicional y auténtico en su reclamo para el enoturismo.

Fuente: larioja.com