Ahorrar energía en verano también es posible. Una serie de prácticas llevadas a cabo diariamente, con constancia, pueden suponer un ahorro que se nota en el recibo a fin de mes. Por ejemplo, el ventilador de techo gasta hasta un 90% menos de energía que el aire acondicionado, desenchufar los aparatos eléctricos para acabar con su «consumo fantasma» ahorra hasta un 12% de luz o sustituir un frigorífico de categoría A por otro A+++, aumenta la eficiencia energética en más de la mitad.

Para combatir las altas temperaturas del verano, sin aumentar el consumo energético, se puede apostar por la ventilación natural de las viviendas, reducir la iluminación artificial o utilizar ventiladores de techo. «Aislar bien» los hogares y mantenerlos frescos utilizando elementos de protección solar exteriores, como persianas y toldos; e interiores, como cortinas de colores claros; o poner plantas en las terrazas para bajar la temperatura externa. El ahorro en los hogares depende de la eficiencia energética de los electrodomésticos y equipos informáticos que se utilicen.

También se recomienda que en las oficinas se utilicen equipos ofimáticos eficientes, imprimir a doble cara –que puede ahorrar hasta un 50% de energía–, desconectar completamente el equipo cuando se acaba la jornada laboral, apagar la pantalla durante paradas cortas, ajustar el brillo de la pantalla a nivel medio o activar en el ordenador el modo ‘ahorro de energía’.